
El
proyecto originario ya estaba presente en los tiempos de Rosas, en el denominado
Jardín de los Animales, allá por 1848. Años más
tarde, la ley de creación del Parque Tres de Febrero indicaba que debía
formarse una Sección Zoológica, siguiendo las ideas de Domingo
Faustino Sarmiento.
En 1874, el territorio previsto en la ley se ubica desde la actual avenida
del Libertador hasta la costa del Río de la Plata, entre Ugarteche
y avenida Sarmiento.
Aprovechando algunos lagos ya existentes, comenzaron entonces a diseñarse
pabellones o recintos para los animales. Su construcción fue encargada
al arquitecto Julio Dormal y al ingeniero militar Wajsosky.
Poco a poco, el Zoológico se fue enriqueciendo por medio de donaciones,
en especial provenientes de estancieros del interior, y como resultado de
los pedidos especiales que hacía Sarmiento.
Carlos Pellegrini estuvo a su vez íntimamente relacionado con esta
primera etapa. Fueron sus gestiones en Europa las que permitieron agregar,
al conjunto de animales autóctonos, otras especies sumamente exóticas
para la época.
Tras la
separación de la sección botánica que existía
en el Parque, en 1888, el doctor Eduardo Ladislao Holmberg es designado director
del Zoológico. Comenzó su labor con una tarea clave: debido
a que el lugar originario se encontraba en una zona muy afectada por las crecidas
del río, decidió trasladar el Jardín al predio vecino,
marcando los contornos que lo configuran actualmente.
Holmberg transformó aquel primitivo Jardín de Animales de mediados
de siglo, en un zoológico a la europea, con laboratorios, personal
especializado, reglamentos, etc.
Fue notable su interés por la arquitectura oriental, en especial de
la India, y encargó al arquitecto italiano Vicente Cestari que copiara
fielmente edificios de esas lejanas culturas. Los puntos de vista sobre hábitats
para animales han cambiado, y si bien estas construcciones pueden haber perdido
su utilidad originaria, indudablemente conservan su enorme valor arquitectónico.
Es también de estos tiempos el pórtico de acceso, cuyo alto
relieve puede parecer curioso: un atleta griego detiene en su carrera a un
caballo salvaje.
Cuando Holmberg cesó como director, en 1904, fue reemplazado por un
afamado naturalista de origen italiano, Clemente Onelli. Su notable gestión
estuvo siempre inspirada en un profundo afecto por la Argentina. Heredero
de un título nobiliario que jamás quiso utilizar, justificaba
que Roca dijera de él: "Es el más criollo de los tanos".
Onelli enriqueció notablemente la dotación de animales, y entre
otras iniciativas, obtuvo la estructura metálica que conforma hoy la
jaula de los cóndores e hizo instalar fuentes del Renacimiento, que
eran legítimas y que había adquirido en Italia el director del
Museo nacional de Bellas Artes, Eduardo Schiaffini.
Es fácil identificar los edificios construidos durante su dirección,
porque responden a los estilos arquitectónicos por él apreciados:
los clásicos. La inspiración griega y latina fue de este modo
sumada a la oriental, a los perfiles autóctonos, y al recorrido dibujado
por las especies de todo el mundo.



